viernes, 2 de mayo de 2008

Carta al Evo Morales.

Palabras que brotaban de tu boca, extrañas, entrelazadas, como de niño; lagrimas que, de a ratos, brotaban de mis ojos; extenso, profundo y hermoso placer de oírte.
Soy un afortunado (pensé), no pasa a diario, tanto, pero ¡tanto!, quizá demasiado regocijo junto, en mi sillón, con un café, en chancletas y remera, esperando que los días pasen mas rápidos, de a dos o tres juntos, demasiado (pensé).
Otra vez, lágrimas que ahora se fundían con mi sonrisa y a su paso escribían: ¡si, todavía se puede!
Esperanza y fe, derechos que tenia olvidados y envidia (de la sana, si es que existe envidia sana), de no tenerte aquí, de no escuchar tus palabras en los que me representan; envidia de esa que no avergüenza; pero ¿sabes que?
Te elegí Evo, elegí tu tierra, y sobre todo la elegí a ella, la mujer que amo.
Y hoy siento orgullo de eso, siento felicidad.
Gracias hermano por tus palabras, por tus acciones, por tus ideales, por esos que renacen en mi; gracias hermano por tus pelotas, por seguir, por no dejarte. GRACIAS
Te escribo desde Argentina, soy un argentino que por elección me voy a tu país, a esa Bolivia que tanto me identifica, por amor también, y espero con ansias el día que sea oficial mi nacionalidad boliviana, para votarte, con orgullo y alegría, y formar parte de ello.
De nuevo ¡gracias! Es mi mayor deseo que tu voz sea un ejemplo soplando en el viento latinoamericano, que de una vez por todas seamos realmente hermanos, y abramos los ojos a una nueva unidad. Gracias Evo de corazón, gracias.